Descubren el mecanismo por el cual la grasa visceral favorece el desarrollo de la diabetes tipo 2

Un estudio liderado por expertos de la Universidad de Ginebra identificó cómo la acumulación de lípidos en el abdomen altera la comunicación celular, facilitando la resistencia a la insulina. El hallazgo abre nuevas puertas para tratamientos preventivos.

17 de febrero de 2026 – La comunidad científica ha dado un paso fundamental para comprender por qué la obesidad abdominal es uno de los factores de riesgo más determinantes para la salud metabólica. Un equipo de investigadores ha logrado descifrar el mecanismo biológico que conecta la grasa visceral con la aparición de la diabetes tipo 2.

A diferencia de la grasa subcutánea (que se encuentra bajo la piel), la grasa visceral rodea los órganos vitales en la cavidad abdominal y es metabólicamente mucho más activa —y peligrosa—.

El papel de las vesículas extracelulares

El estudio, publicado recientemente, revela que el tejido adiposo visceral no solo almacena energía, sino que actúa como una glándula endocrina disfuncional. Los investigadores descubrieron que, en personas con exceso de grasa abdominal, las células liberan unas partículas llamadas vesículas extracelulares.

Estas vesículas transportan moléculas de microARN que viajan a través del torrente sanguíneo hasta alcanzar el hígado y los músculos. Una vez allí, interfieren con los receptores de insulina, provocando que las células dejen de responder adecuadamente a esta hormona, un fenómeno conocido como resistencia a la insulina.
Inflamación silenciosa

Otro aspecto clave de la investigación destaca que la grasa visceral genera un estado de inflamación crónica de bajo grado. Esta inflamación constante envía señales de estrés a todo el organismo, degradando la capacidad del páncreas para producir insulina suficiente y agotando las reservas de las células beta.

Los expertos señalan que este descubrimiento es vital porque explica por qué algunas personas con un Índice de Masa Corporal (IMC) aparentemente normal, pero con una circunferencia de cintura elevada, presentan un riesgo metabólico tan alto como el de personas con obesidad severa.

Hacia nuevas estrategias terapéuticas

El Dr. Pierre Maechler, uno de los autores principales del estudio en la Universidad de Ginebra, explica que identificar estas vesículas específicas permite pensar en futuros fármacos que puedan bloquear el envío de estas “señales dañinas” desde la grasa hacia el resto del cuerpo.

No obstante, los especialistas subrayan que, hasta que dichos tratamientos existan, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Los hallazgos refuerzan la importancia de:

  • Monitorear la circunferencia de la cintura más allá del peso total.
  • Mantener una dieta baja en azúcares procesados y grasas saturadas.
  • Realizar ejercicio físico regular, que ha demostrado ser la forma más efectiva de reducir específicamente la grasa visceral.

Este avance científico no solo mejora el diagnóstico temprano, sino que redefine la lucha contra una de las epidemias no transmisibles más extendidas del siglo XXI.