Estados Unidos presentó una actualización de sus guías alimentarias que introduce cambios significativos en la forma de representar una alimentación saludable. La nueva pirámide nutricional deja de ubicar a los carbohidratos como base principal de la dieta diaria y propone un mayor protagonismo de alimentos frescos, proteínas y grasas consideradas saludables.
El rediseño forma parte de las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030, elaboradas por los Departamentos de Salud y Servicios Humanos y de Agricultura. El objetivo central es adaptar las recomendaciones oficiales a la evidencia científica más reciente y responder al aumento sostenido de enfermedades vinculadas a la alimentación, como la obesidad, la diabetes tipo 2 y los trastornos cardiovasculares.
Durante décadas, la pirámide nutricional tradicional colocó a los cereales, panes, pastas y otros carbohidratos en la base, sugiriendo su consumo en grandes cantidades. En la nueva versión, ese enfoque se modifica: se promueve una dieta basada en alimentos mínimamente procesados, con énfasis en frutas, verduras, fuentes de proteínas de calidad —como carnes, pescados, huevos, legumbres y lácteos— y grasas naturales, como aceites vegetales y frutos secos.
Los carbohidratos no desaparecen de las recomendaciones, pero pasan a ocupar un lugar más moderado. Las guías desalientan especialmente el consumo de harinas refinadas, azúcares añadidos y productos ultraprocesados, señalados como factores que contribuyen al deterioro de la salud metabólica cuando predominan en la dieta cotidiana.
Desde las autoridades sanitarias explicaron que el mensaje principal apunta a priorizar la calidad de los alimentos por sobre la cantidad y a fomentar patrones de alimentación más simples y naturales. Las guías no tienen carácter obligatorio, pero influyen en políticas públicas clave, como los programas de alimentación escolar, las campañas de salud y las recomendaciones médicas oficiales.
El cambio generó debate en la comunidad científica y entre especialistas en nutrición. Mientras algunos destacan que el nuevo enfoque puede favorecer una mejor saciedad y un mayor control del peso, otros advierten que las recomendaciones deben adaptarse a cada persona, teniendo en cuenta la edad, el nivel de actividad física y posibles condiciones de salud.
En ese contexto, la nueva pirámide nutricional marca un giro en la forma de pensar la alimentación saludable y reabre la discusión sobre el rol de los carbohidratos en la dieta moderna, sin promover su eliminación total, pero sí una revisión de su consumo y su origen.