La osteoporosis es una enfermedad silenciosa que debilita los huesos de forma progresiva, dejando al cuerpo vulnerable incluso ante golpes o caídas leves. Millones de adultos en todo el mundo conviven con este riesgo sin advertir señales claras hasta que ocurre una fractura inesperada, lo que convierte a esta condición en una amenaza latente para la salud ósea.
Esta condición se desarrolla cuando el cuerpo pierde masa ósea más rápido de lo que la reemplaza o no genera suficiente tejido nuevo. El envejecimiento, cambios hormonales (sobre todo en mujeres posmenopáusicas), una dieta baja en calcio y vitamina D, el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo de alcohol y los antecedentes familiares aumentan el riesgo. Además, algunas enfermedades crónicas y medicamentos —como los corticosteroides— también contribuyen a la pérdida de densidad ósea.
La masa ósea alcanza su punto máximo cerca de los 30 años y a partir de ese momento puede comenzar a disminuir gradualmente. Por eso, la detección temprana es clave para prevenir complicaciones graves y preservar la movilidad y autonomía en la adultez mayor.
Cómo se diagnostica la osteoporosis
La prueba más común para medir la densidad ósea es la absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA), que examina zonas como la columna lumbar, la cadera o el cuello femoral. Este estudio rápido y sin dolor permite evaluar la salud de los huesos con una baja exposición a radiación.
Otra opción es la ecografía de densidad ósea, que utiliza ondas sonoras para medir la concentración mineral en áreas como el talón o los dedos. Ambos métodos utilizan la puntuación T, que compara la densidad ósea con la de una persona adulta sana: valores iguales o mayores a –1 indican densidad normal, entre –1 y –2,5 sugieren osteopenia y –2,5 o menos confirman osteoporosis, incluso si no ha habido fracturas.
Las fracturas de cadera, columna vertebral y muñeca son las más frecuentes y pueden tener consecuencias severas en la calidad de vida, especialmente en mayores, limitando la movilidad y aumentando el riesgo de complicaciones secundarias.
Prevención y tratamiento
Expertos de Harvard Health Publishing recomiendan realizar controles periódicos de densidad ósea, particularmente en mujeres mayores de 50 años y hombres mayores de 70, o antes si existen factores de riesgo.
Una alimentación equilibrada con suficiente calcio y vitamina D es fundamental, al igual que mantener una actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza, resistencia y equilibrio. Evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol también ayuda a fortalecer los huesos.
El seguimiento médico puede incluir tratamientos específicos que frenen la pérdida ósea y reduzcan el riesgo de fracturas. Además, es importante revisar otros medicamentos o condiciones de salud que puedan afectar la densidad ósea.
Contar con información confiable y asesoramiento profesional permite adoptar estrategias personalizadas para proteger la salud de los huesos y minimizar el impacto de la osteoporosis a lo largo del tiempo.