Las importaciones argentinas de bienes de consumo marcaron un récord durante el primer semestre de 2026, con compras por US$5.362 millones. De acuerdo con un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el monto representó un crecimiento del 34,7% respecto del mismo período de 2023 y también superó, en un 1,8%, el registro correspondiente a 2025.
Entre enero y junio, los bienes de consumo representaron el 15,1% del total de las importaciones del país, la mayor participación para un primer semestre en las últimas dos décadas. El porcentaje incluso superó el 14,8% registrado en el primer semestre de 2020. En términos de valores, el monto de 2026 fue 20,7% superior al anterior máximo para ese período, alcanzado en 2018, cuando las compras habían llegado a US$4.443 millones.
El relevamiento de CEPA mostró además que las diez principales actividades concentraron el 84,7% de las compras externas. Los mayores aumentos frente a 2023 se dieron en electrodomésticos, baterías y lámparas, con una suba del 109,2%; prendas de vestir, con 86,3%; motos, bicicletas, yates y otros medios de transporte, con 67,6%; productos alimenticios, con 51,9%; y productos farmacéuticos, con 27%.
Dentro del rubro alimenticio, que explicó el 18% de los bienes de consumo importados, se destacaron los incrementos en fideos y pastas, con una suba del 530,8%, y carnes frescas y en conserva, con 315,2%. El informe también señaló un fuerte crecimiento en la cantidad de empresas que participaron de las operaciones: el número de firmas importadoras se duplicó, con un aumento del 100% y la incorporación de 33.108 nuevas empresas.
El crecimiento de las importaciones de bienes de consumo se produjo mientras otros segmentos vinculados con la actividad productiva mostraron retrocesos. Según CEPA, las importaciones de bienes intermedios cayeron 17,8% y las de piezas y accesorios para bienes de capital bajaron 21,6%, mientras que la producción manufacturera se redujo 12%. En sectores como electrodomésticos e informática, la producción cayó 56,1%, y en la industria textil descendió 34%, en contraste con el aumento de las importaciones de prendas de vestir.