El partido disputado entre San Martín de Tucumán y Atlanta en el estadio más importante de la Ciudadela dejó un arrastre de tensiones que excedió por completo los noventa minutos de juego y el resultado estrictamente deportivo. Más allá de lo acontecido en el césped, las miradas y las discusiones del entorno partidario se concentraron de manera unánime en el aspecto visual de las gradas, las cuales lucieron claros muy notorios y sectores completamente despoblados. La circulación de diversas postales fotográficas y filmaciones que retrataban el desolador panorama de los escalones de cemento encendió la mecha del descontento entre los socios y simpatizantes habituales de la institución tucumana.
La visible ausencia de espectadores en un compromiso de tal magnitud despertó la indignación colectiva de los hinchas genuinos del “Santo”, quienes no tardaron en volcar su frustración y sus quejas a través de las redes sociales. El foco principal de los reclamos apuntó de manera directa hacia los criterios de organización y las estrictas medidas de control dispuestas para el acceso al recinto deportivo durante la jornada del torneo de la Primera Nacional. Para la parcialidad local, ver el estadio con semejante marco de soledad resultó una situación inadmisible que contradice la histórica fidelidad y la capacidad de convocatoria que caracteriza al pueblo ciruja.
El debate se profundizó al analizar las trabas logísticas y los inconvenientes burocráticos que, según denunciaron numerosos asociados, impidieron que una gran cantidad de personas pudiera ingresar a las tribunas a pesar de su deseo de acompañar al plantel. Las críticas se centraron en la complejidad del sistema de canje de localidades y en las demoras operativas que se registraron en los puntos de atención en los momentos previos al pitazo inicial del árbitro. Esta serie de contratiempos administrativos provocó que muchos seguidores debieran retornar a sus hogares o permanecer en las inmediaciones del estadio sin la posibilidad de ocupar sus ubicaciones habituales.
Desde las agrupaciones opositoras y diversos sectores de la vida interna del club norteño se alzaron voces exigiendo explicaciones formales a las autoridades de la comisión directiva por el manejo del operativo de seguridad y boletaría. Los cuestionamientos señalan que este tipo de imágenes debilitan la identidad institucional del club y afectan de manera directa la recaudación económica necesaria para el sostenimiento de las actividades profesionales. Los referentes de estos espacios consideran indispensable que se revisen los protocolos de admisión vigentes para que el verdadero simpatizante no sea el principal perjudicado en las jornadas venideras.
La controversia planteada obliga a la cúpula dirigencial a tomar cartas en el asunto y a replantear las estrategias de comunicación y atención al socio de cara a los futuros compromisos que deba afrontar el equipo en condición de local. Con el campeonato en una etapa de definiciones determinantes, la comunión entre el plantel y su público resulta un factor clave para empujar el anhelo del ascenso a la máxima categoría del fútbol argentino. Las próximas jornadas serán fundamentales para observar si se implementan modificaciones que agilicen los accesos y permitan que las tribunas de la Ciudadela vuelvan a exhibir su habitual y colorido marco multitudinario.