La vitamina D gana peso después de los 50

Después de los 50 años, la vitamina D adquiere un papel relevante en el cuidado de la salud muscular, junto con una adecuada ingesta de proteínas. El nutriente está relacionado con la fuerza, la movilidad y el equilibrio, mientras que su déficit puede favorecer la debilidad muscular y aumentar el riesgo de caídas en las personas mayores.

Aunque suele asociarse principalmente con la salud de los huesos, la vitamina D también interviene en el funcionamiento del tejido muscular. Los adultos mayores tienen un mayor riesgo de presentar niveles insuficientes debido a cambios en la piel, una menor exposición al sol y, en algunos casos, una alimentación que no alcanza para cubrir los requerimientos.

La deficiencia severa puede provocar osteomalacia en adultos, una enfermedad que genera dolor óseo y debilidad muscular. Además, los niveles bajos del nutriente fueron relacionados con un peor desempeño físico y una mayor probabilidad de sufrir caídas, un problema especialmente relevante durante el envejecimiento por su impacto sobre la movilidad y la autonomía.

La vitamina D puede obtenerse mediante determinados alimentos, entre ellos salmón, trucha, yema de huevo y algunos hongos expuestos a luz ultravioleta. También está presente en productos fortificados como leche, bebidas vegetales y cereales. La exposición solar permite que el organismo produzca vitamina D, aunque su síntesis depende de factores como la edad, el tono de piel, la estación del año y el uso de protector solar.

Los especialistas remarcan que la vitamina D debe formar parte de un abordaje integral de la salud muscular, que también incluya una alimentación suficiente, actividad física regular y entrenamiento de fuerza. La suplementación no debería realizarse de manera automática, sino evaluarse según cada persona y, cuando corresponda, mediante controles médicos y análisis de laboratorio.