A 60 años del cierre de los ingenios tucumanos, comunidades del interior participaron de una jornada de memoria, reivindicación y encuentro popular. La Marcha de las Antorchas se realizó el sábado 22 de agosto y buscó homenajear a los trabajadores, familias y localidades que sufrieron las consecuencias sociales, económicas y culturales de aquellas decisiones.
La actividad comenzó a las 18:30, con la concentración de las delegaciones en la intersección de las avenidas Eva Perón y América, en Banda del Río Salí. De la marcha participaron representantes de once localidades vinculadas a los ingenios cerrados: San Miguel de Tucumán, Banda del Río Salí, Ranchillos, Los Ralos, Delfín Gallo, San José, Lules, Famaillá, Santa Lucía, Villa Quinteros y Santa Ana.
La propuesta apuntó a recuperar la historia de los pueblos que se desarrollaron alrededor de la actividad azucarera. Los ingenios no solo representaban fuentes de trabajo, sino también espacios alrededor de los cuales funcionaban comercios, clubes, escuelas y familias, por lo que sus cierres provocaron profundas transformaciones en las comunidades tucumanas.
A partir de las 20, en el predio del ingenio se realizó el acto conmemorativo, que incluyó el sonido de la sirena, el encendido simbólico de la chimenea, la apertura de los portones, el descubrimiento de una placa y la proyección de un video. También se llevó adelante una intervención cultural y una ofrenda a la Pachamama, en una jornada que buscó tender un puente entre quienes vivieron aquellos años y las nuevas generaciones.
El cierre estuvo acompañado por un festival popular con la participación de Néstor Garnica, La Bancada, Coqui Sosa, Rubén Núñez, Belén Herrera, Adriana Tula, el Ballet Yanasu, el Coro de Jóvenes de la UNT y el Grupo de Danza Ambulante. La iniciativa planteó convertir la memoria en un reconocimiento a quienes sostuvieron sus comunidades y en un punto de partida para recuperar la identidad histórica, cultural y social de los pueblos afectados por el cierre de los ingenios.