El financiamiento interno, considerado uno de los engranajes esenciales para reactivar el aparato productivo y el nivel de actividad, muestra señales de letargo. Pese a haber registrado una leve mejora estadística durante el mes de junio, el crédito en pesos destinado al sector privado continúa estancado en niveles bajos, lo que condiciona de forma directa las posibilidades de un repunte sostenido en el consumo de los hogares y las familias.
De acuerdo con los datos analizados por especialistas del sector, el financiamiento bancario se encuentra atrapado en un escenario complejo determinado por tres factores determinantes: una tasa de morosidad en niveles récord, la persistencia de elevadas tasas de interés reales y el debilitamiento del salario real. Esta combinación restringe tanto la voluntad de las entidades financieras de asumir riesgos como la capacidad de los trabajadores para contraer nuevos compromisos de pago.
El estancamiento del crédito privado se traduce en una barrera invisible para la adquisición de bienes durables y el financiamiento de consumos cotidianos, lo que ralentiza la salida de la recesión. Los analistas del mercado advierten que, sin una recomposición real de los ingresos y una mayor estabilidad financiera que permita abaratar el costo del dinero, el impacto de las medidas oficiales de estabilización tardará más tiempo en derramar sobre el comercio minorista.
A pesar del actual freno, el último Informe de Estabilidad Financiera emitido por el Banco Central (BCRA) mantiene una mirada optimista de mediano plazo, proyectando que la intermediación financiera en pesos retomará una senda de crecimiento gradual. No obstante, las principales consultoras privadas coinciden en que, durante la segunda mitad del año, cualquier mejora en el acceso al crédito seguirá estrictamente atada a la evolución de la capacidad de pago de los hogares y a la consolidación del sendero de desinflación.