Las nueces se consolidan como una alternativa saludable para una colación nocturna por su aporte de grasas insaturadas, fibra, antioxidantes y micronutrientes. Incorporadas a una alimentación equilibrada, pueden contribuir al cuidado de la salud cardiovascular, especialmente cuando reemplazan productos con altos niveles de sodio, azúcares o grasas saturadas.
Uno de sus principales componentes es el ácido alfa-linolénico (ALA), un ácido graso omega-3 de origen vegetal que el organismo no puede producir por sí mismo. Además, distintos estudios relacionan el consumo habitual de frutos secos con mejoras moderadas en algunos indicadores vinculados al colesterol. La American Heart Association sostiene que reemplazar grasas saturadas por grasas insaturadas puede ayudar a reducir el colesterol LDL.
Las nueces también contienen nutrientes relacionados con el descanso, como melatonina, triptófano y magnesio. El sueño es considerado un componente importante de la salud cardiovascular, ya que dormir mal o durante menos tiempo del recomendado puede asociarse con presión arterial elevada, inflamación y un mayor riesgo cardiovascular.
De todos modos, los especialistas advierten que ningún alimento por sí solo determina la salud del corazón. La Organización Mundial de la Salud recomienda una alimentación basada principalmente en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y grasas insaturadas, además de limitar el consumo de sal, azúcares libres y grasas saturadas. También aconseja realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada en adultos.
Por su elevado aporte energético, las nueces deben consumirse en cantidades moderadas. Una porción pequeña puede incorporarse como colación, sola o junto con yogur natural, avena o fruta. La recomendación es elegirlas naturales o con poca elaboración y evitar las variedades con exceso de sal o azúcares agregados, dentro de un esquema general de alimentación equilibrada.