El consumo de carne vacuna continúa en descenso en Argentina y el cambio ya se refleja en las carnicerías, donde los comerciantes aseguran que los clientes redujeron las cantidades que compran y priorizan opciones más económicas. La pérdida de poder adquisitivo modificó los hábitos de consumo y llevó a muchas familias a reemplazar parte de la carne vacuna por pollo y cerdo.
Diego Salvo, carnicero de Mataderos, señaló que actualmente vende entre un 30% y un 40% menos que hace diez años, aunque mantiene el mismo movimiento de clientes. La principal diferencia está en las cantidades: quienes antes compraban dos kilos ahora llevan uno, mientras que los que llevaban un kilo redujeron su compra a medio kilo.
En Córdoba, el carnicero Sergio Pepelo describió una situación similar y aseguró que los consumidores dejaron de pedir determinados cortes por peso para establecer sus compras en función del dinero disponible. Entre las opciones más buscadas aparecen la aguja parrillera, el bocado fino y la carne picada, mientras que el pollo y el cerdo ganaron espacio por sus precios más accesibles.
La diferencia de valores también condiciona las decisiones. En Mataderos, la nalga para milanesa ronda los $18.500 por kilo, la bola de lomo $15.000, la paleta $14.000 y la colita de cuadril $16.000. En Córdoba, la nalga de ternero y la colita de cuadril llegan a unos $20.000, mientras que un chuletón de cerdo ronda los $6.000 y la aguja vacuna, uno de los cortes económicos, cerca de $10.000.
Los comerciantes coinciden en que la caída del consumo está relacionada principalmente con el nivel de ingresos y los costos que enfrentan los hogares. Salvo estimó que un asado básico para cuatro personas, con dos kilos de carne, puede costar entre $32.000 y $35.000 en Buenos Aires, mientras que en Córdoba el gasto puede ubicarse entre $38.000 y $40.000. Ante este escenario, las familias compran menos cantidad, buscan cortes más baratos y recurren cada vez más a otras proteínas.